Placebo, nocebo, y como influyen en el consumo de productos horneados

Placebo, nocebo, y como influyen en el consumo de productos horneados

Recientemente publiqué en The Conversation un artículo sobre este tema. Sin embargo en este tipo de publicaciones tienes que ajustarte a ciertas normas de las revistas más divulgativas. Y aunque una parte importante de lo que voy a contar en esta entrada esta duplicado en este artículo, hay algunas aportaciones nuevas, y creo que merece la pena dejarlo como entrada en el blog.

En los últimos años se ha incrementado el número de personas que manifiestan intolerancias a ciertos alimentos o componentes de los mismos. Pero también se han multiplicado los mensajes alarmistas, sin ninguna evidencia científica, o simplemente exagerando algunos aspectos, que si bien pueden ser ciertos, lo son en mucha menor medida que lo que se cuenta. Las famosas fake news también están en alimentación. Muchas veces pueden favorecer ciertos negocios, de consultas dietéticas, productos milagro, o algunos todavía más oscuros. Pero el daño que pueden hacer a la sociedad debe ser considerado, y en ocasiones debería ser combatido desde las administraciones. Parte de estos mensajes demonizan distintos aspectos de los productos horneados. Que si el gluten es malo, que si los hidratos de carbono son malos, que si los panes con rápidas fermentaciones son malos, que si los azúcares son malos, que si la lactosa es mala, … Para entender muchas de estas cosas es necesario hablar del efecto placebo y nocebo.

Placebo

El efecto placebo se basa en que las personas se sienten mejor cuando consumen algo sobre lo que tienen unas expectativas positivas. Este efecto se conoce desde hace mucho tiempo, y es especialmente importante en pruebas médicas. Así un adecuado estudio sobre la efectividad de un medicamente debe incluir un placebo. De este modo a parte de los sujetos estudiados se les suministra, aleatoriamente, el medicamento, mientras que a otra parte se les suministra un producto similar pero que no contiene las sustancias a estudiar, aunque los pacientes no lo saben. El medicamento será efectivo si la diferencia entre los efectos positivos de las personas que consumen el medicamento frente a las que consumen el placebo es significativo. Sin embargo, lo interesante de esta práctica es que en la mayoría de los estudios una parte importante de los pacientes que reciben el placebo reaccionan al mismo de manera similar a los que consumen el medicamento.

Podemos pensar que el efecto placebo se basa en que la gente manifiesta encontrase mejor, pero va mucho más allá, y algunos pacientes modifican sus analíticas y realmente experimentan una mejora (no solo lo piensan). Esto ha llevado a la idea de recetar placebos, sustancias que en principio no deberían tener ninguna eficacia, pero que la sugestión de los pacientes hace que si la tengan. Esta práctica abre un espinoso problema ético, ya que realmente se está engañando a los pacientes, y no en todos los casos esta técnica es igual de efectiva. De hecho, se sabe que algunos aspectos de la personalidad de los pacientes influyen en la efectividad del placebo. Por este motivo los ensayos clínicos deben diseñarse correctamente, aleatorizando los pacientes que reciben un placebo y los que reciben el medicamento.

Nocebo

Aunque el efecto placebo es bien conocido y se incorporan en todos los estudios médicos modernos sobre la efectividad de ciertos medicamentos, del nocebo se sabe menos. De hecho, muchos de vosotros habréis oído hablar del placebo, e incluso lo conoceréis, pero no tantos estaréis familiarizados con el efecto nocebo. El efecto nocebo viene a ser el contrario al efecto placebo, y se basa en que ciertas personas se sienten peor ante la idea de estar consumiendo productos que esperan que les vayan a sentar mal. En medicina es habitual que algunas personas experimenten los efectos secundarios asociados a un medicamento cuando creen que lo han consumido, aunque lo que han consumido es una sustancia placebo. De hecho, muchas personas empiezan a sentirse mal después de un pinchazo o la toma de un medicamento que se sabe que puede tener efectos secundarios fuertes. Pero en la mayoría de los casos son reacciones que se superan rápidamente tras unas pequeñas molestias, muchas veces causadas por esas expectativas negativas

Ejemplos

Los ejemplos que se pueden poner sobre el efecto placebo y nocebo son incontables, pero vamos a ver algunos relacionados con la nutrición. Así en estudios sobre la efectividad de medicamentos antiobesidad se demostró que un 20% de los pacientes con sobrepeso, y un 8% de los obesos, que tomaron un placebo (sin efecto antiobesidad por su composición) redujeron su peso. Algunos de estos pacientes incluso mejoraron indicadores médicos, como el nivel de lípidos, el índice glicémico o la presión sanguínea. Pero también hubo algunos pacientes que manifestaron efectos negativos, como infecciones en el tracto respiratorio, neoplasias y complicaciones psiquiátricas, a pesar de haber consumido solo el placebo (efecto nocebo).

La dispepsia es un trastorno digestivo relacionado con la comida. Se sabe que la ingesta de grasas saturadas potencia los problemas asociados a estos pacientes (dolor abdominal, pesadez, hinchazón, entre otros). En un interesante estudio pacientes con dispepsia consumieron yogures con alto y bajo contenido en grasa. Lo curioso es que el etiquetado era correcto en unos yogures e incorrecto en otros. Así los síntomas fueron mayores cuando se consumieron yogures etiquetados como altos en grasa, independientemente de si el contenido en grasa era realmente alto o bajo.

En el caso de la intolerancia a la lactosa, también se ha comprobado que pacientes intolerantes experimentaban síntomas abdominales típicos de la intolerancia cuando consumían un placebo (polvo de aspecto similar, pero sin lactosa). Pero lo más curioso es que estos mismos síntomas los experimentaban algunos pacientes que no eran intolerantes a la lactosa. Algo parecido ocurre en los casos de Intestino Irritable, y se sabe que los efectos placebo y nocebo deben ser tenidos en cuenta en los estudios sobre estas patologías.

También relacionado con los problemas intestinales, se sabe que el efecto nocebo puede tener una gran influencia en la sobreestimación de los casos de intolerancia al gluten no celiaca. Esta intolerancia, que se conoce desde hace relativamente pocos años, al menos si la comparamos con la celiaquía o la alergia al trigo, parece haber crecido enormemente en los últimos años. Lamentablemente no es fácil de diagnosticar y muchas personas se autodiagnostican, reduciendo o eliminando el consumo de gluten. Se sabe que en algunas ocasiones el consumo de trigo genera problemas intestinales en pacientes no celiacos, pero no se sabe con claridad si esto se debe al gluten, a otras proteínas presentes en el trigo, o a determinados carbohidratos englobados en el término FODMAP. Lo que sí se sabe es que en todas las investigaciones es muy complicado obviar el efecto nocebo (personas que sufren los síntomas porque están convencidas de que el gluten les sienta mal, sin que haya ningún motivo para ello). En una revisión se ha determinado que solo un 16% de pacientes diagnosticados con sensibilidad al gluten no celiaca manifestaron problemas con la ingesta de gluten, y de ellos el 40% también los manifestaron al consumir un placebo, por lo que mostraron un claro efecto nocebo.

Estos son solo algunos ejemplos, pero la bibliografía que demuestra el efecto placebo y nocebo es realmente extensa. Esto no quiere decir que algunas dolencias o enfermedades no existan, solo que si los estudios no se hacen correctamente pueden estar sobredimensionadas. Algo parecido ocurre con estudios que intentan demostrar las bondades de algún alimento, ingrediente o componente. En estos casos, si los estudios se realizan con consumidores, estos deberían recibir un placebo de forma aleatoria si queremos obtener resultados fiables. Mucho menos fiables son los estudios realizados de manera in vitro, si bien pueden suponer una forma más económica de cribado que posteriormente se debe demostrar con estudios in vivo, mucho más costosos. La actitud de los conductores de las pruebas, evitando dar ideas que puedan condicionar las respuestas de los pacientes, también deben de tenerse en cuenta.

Pero en nuestro día a día tenemos consecuencias mucho más dramáticas del efecto nocebo. Así la difusión por parte de personajes famosos, o no tan famosos pero seguidos por un número importante de personas, puede incrementar el número de personas que dejen de consumir un producto. Y es posible que estas personas realmente se sientan mal cuando lo consumen, ya que están convencidas de esos efectos negativos (efecto nocebo). Esto ha podido ocurrir con los productos a base de trigo, sustituidos en unos casos por otros cereales con gluten, incluso trigos antiguos, como espelta, escanda o kamut, o centeno. Y realmente la buena prensa de estos trigos y cereales puede hacer que les siente bien (efecto placebo). También es posible que cambien el consumo de productos elaborados con harinas blancas por otros con harinas integrales, y además de las ventajas reales de estos productos tengan las adicionales del placebo. En casos más extremos se han sustituido los productos con gluten por otros sin gluten, normalmente menos saludables.

Por tanto, la difusión de mensajes negativos sobre ciertos ingredientes, alimentos o aditivos, sin que esta tenga una base científica, o exagerando los aspectos negativos, puede, en el menor de los casos, conllevar un incremento en el coste de la cesta de la compra, y en el peor una dieta de peor calidad nutricional. Y con esto no quiero decir que en algunos casos no exista una información validada y rigurosa sobre los peligros de un exceso de consumo de ciertos productos y no deba ser difundida.

La conclusión de todo esto es que debemos tener una sana relación con la comida, sin miedos infundados, y tomar nuestras decisiones basadas en publicaciones o instituciones de contrastada valía y rigor. Es curioso como en la Unión Europea las alegaciones de salud permitidas son muy reducidas, comparadas con los mensajes que se suelen ver en prensa, medios de comunicación redes, o lo que se transmite entre la gente. En este caso ha primado la prudencia. Pero del mismo modo debe primar a la hora de difundir información negativa.

Como en el caso de las posibles recetas de placebos, es muy complicado convencer a una persona que dice sentirse mejor con la ingesta de determinado producto, o evitando otros, que debe cambiar de actitud. Y realmente si se siente bien no tengo muy claro de si debería cambiarla. Pero al menos debe de cuidar su alimentación de forma integral y contrastar la información en la que basa sus decisiones, al igual que cualquier otra persona.

Por su parte la administración tiene un papel muy importante en el cuidado de los mensajes nutricionales. En ningún caso es un intervencionismo sin sentido. Por el contrario, estas prácticas se enmarcan en el cuidado de la población, encargo que le han dado sus votantes, y que debe extremar al máximo. Siempre basado en evidencias claras y contratadas, y evitando efectos negativos

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